El cine chileno ha sido el reflejo de lo que somos como sociedad

En todos los países los filmes reflejan su realidad, en Chile no es la excepción. Tres puntos de vista que se concentran en cómo el cine chileno ha sido el reflejo en lo que ha sucedido en los últimos 100 años.

Miguel Quezada, profesor de Filosofía menciona que “la relación que existe entre el cine chileno tienen tanto factores internos como externos, los factores internos son los que reflejan las carencias de la sociedad chilena, por ejemplo, la sociedad chilena se caracteriza por ser muy conservadora, una sociedad que tiene características de ser muy aprisionado con lo que tiene que ver con los valores sexuales”, además agrega que es un discurso que suele tenerse en las espaldas y parece ser de conventilleo, de pasillo.

Por otro lado, Gastón Tagle, Doctor en Sociología afirma que “es difícil hablar de cine chileno, dado que no hay continuidad en la producción. Lo anterior no quita que se hayan buenas producciones en el séptimo arte”, incluso, añade que “todas reflejan con certeza a la sociedad chilena (…) en donde quedan expuestos los defectos , virtudes y valores de nuestra sociedad”.

Sin embargo, “el cine chileno se debatía en el más desolados empeño, sin ningún tipo de apoyo oficial y acicateado, por algunos productores que apuntaban más al negocio que a expresiones socioculturales”, este extracto de La Historia del Cine chileno, escrita por Carlos Ossa reflejaba lo difícil que era hacer cine en antaño y, por consiguiente, el ascenso fue muy difícil hasta la llegada de los cinéfilos de Europa que soslayaron la pobreza cinematográfica y marcaron un antes y después en cómo se realiza el cine, especialmente en los temas sobre crítica social.

Es por esta misma razón, que después del retorno a la democracia, empezaron a producirse una gran cantidad de contenido que rechazaba fuertemente el recién pasado gobierno militar de Augusto Pinochet, lo que se vio reflejado en varios filmes y, en Pequeña Crónica del Cine chileno, escrita por Iván Pinto para Revista de Harvard Review of Latin American, “los filmes que configuran una primera formación fuerte dentro de la primera década de democracia (1988-1998), de algún modo deben enfrentarse a un doble desafío: proyectar un interés por la formación de una Industria del cine, atrayendo público a las salas, haciendo visible la viabilidad del cine y, por otro lado, hacerse cargo de los temas sociales y políticos propios del fin de la dictadura y el giro democrático”

En contraposición, Viviana Bonilla, profesora de Artes Visuales afirma que “está el cine estadounidense que ha invadido obviamente en toda nuestra cultura, en toda su esencia y magnitud. Por lo tanto, el cine chileno tiene muy poco tiempo. Una mirada de ostracismo”

Así queda lo que llamamos realidad en el cine, nuestras propias verdades son las que de una manera u otra nos quieren decir que abramos los ojos y que tengamos nuestros sentidos lo más despiertos que se pueda, para que podamos ver más allá y entender que las distintas realidades se mutan y se llevan en una realización a la pantalla grande.

 

 

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